Cuando el gluten se vuelve enemigo: la enfermedad celíaca en los niños
Cita bibliográfica:
Asociación Española de Pediatría (AEPED). (s.f.). Enfermedad celíaca. Recuperado de https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/5-celiaca.pdf
Realizado por: Jacqueline Gutiérrez Zavala
Seguramente has escuchado hablar
del gluten, ese elemento que se encuentra en muchos alimentos como el pan,
las galletas o las pastas. Pero, ¿sabías que hay niños a los que el gluten
les hace daño? Hoy te quiero platicar sobre la enfermedad
celíaca (celiaquía), una condición
que afecta la forma en que el cuerpo absorbe los nutrientes, y que requiere
cuidados especiales en la alimentación.
La enfermedad celíaca es
un problema del sistema inmunológico.
En palabras simples, el cuerpo reacciona
mal cuando entra en contacto con el
gluten, proteína que se encuentra en cereales como el trigo, la
cebada, el centeno y algunas avenas. Esta reacción daña el intestino delgado,
que es la parte encargada de absorber los nutrientes de los alimentos, con el
tiempo, ese daño puede hacer que el niño no aproveche bien lo que come, incluso
teniendo una buena dieta.
Es importante resaltar, que no es una alergia ni una moda y tampoco se “cura” dejando
el gluten un tiempo. Es una condición medica que dura toda la
vida, pero con una buena alimentación, los niños pueden crecer sanos y felices.
¿Por qué pasa?
Aún no se sabe exactamente por
qué aparece, pero se ha visto que hay una parte genética. Es decir, si en la
familia hay personas con enfermedad celíaca u otros problemas del sistema
inmune el riesgo aumenta. También influyen algunos factores del ambiente, como
el momento en que se introduce el gluten en la alimentación o ciertas
infecciones intestinales. Lo que sí es seguro es que, una vez que la enfermedad
se presenta, el gluten se convierte en un “enemigo” para el cuerpo. Por eso, el tratamiento principal es eliminarlo completamente de
la dieta.
¿Cómo saber si mi hijo tiene enfermedad
celíaca?
Los síntomas pueden ser muy
distintos dependiendo de la edad. Por lo regular suele manifestarse durante la
infancia.
En los más pequeños es común ver:
·
Diarrea frecuente.
·
Vómito.
·
Pancita inflamada.
·
Falta de apetito.
·
Poco aumento de peso o talla.
En
los niños más grandes o adolescentes, los signos pueden ser menos
evidentes:
- · Cansancio.
- · Anemia.
- · Dolor de huesos o articulaciones.
- · Estreñimiento.
- · Retraso en la pubertad o cambios en el humor.
Ojo: hay niños que no tienen síntomas claros, pero aun así su intestino puede estar dañado. Por eso, si en la familia hay algún caso, el pediatra puede recomendar estudios para revisar si también hay riesgo.
¿Cómo se diagnostica?
Primero, el médico solicitará
algunos análisis de sangre para buscar ciertos anticuerpos que indican si el
cuerpo está reaccionando mal al gluten. Si los resultados son sospechosos, se
realiza una biopsia* del intestino delgado, que confirma si
realmente hay daño. Es muy importante no quitar el gluten antes de hacer los
estudios, porque eso puede alterar los resultados.
Biopsia: es
un procedimiento en el que se extrae una pequeña muestra de tejido del
cuerpo para examinarla bajo un microscopio.
El tratamiento: una dieta sin gluten
La buena noticia es que, con una
dieta sin gluten, el intestino puede recuperarse y el niño volverá a absorber
los nutrientes correctamente. La disciplina es fundamental: nada de gluten, ni poquito, ni “solo tantito”.
Los
alimentos que deben evitarse son:
Trigo, cebada, centeno y avena (a menos que diga
“libre de gluten”).
Pan, galletas, pastas, cereales de desayuno o
harinas hechas con esos granos.
También hay que revisar las etiquetas, porque muchos
productos industriales, embutidos o salsas pueden tener gluten “escondido”.
Por otro lado, hay muchísimos
alimentos que sí se pueden comer sin problema: frutas, verduras, carnes,
huevos, pescados, arroz, maíz, legumbres, leche, aceite, miel… ¡y con eso se
pueden preparar platillos deliciosos y nutritivos!
Al
inicio puede parecer complicado, pero con apoyo y práctica se vuelve parte de
la rutina familiar. Lo ideal es que todos en casa comprendan qué
significa vivir sin gluten para evitar errores o contaminación cruzada (por
ejemplo, usar el mismo cuchillo o tostador que se usa con pan normal).
Vivir con celiaquía
Sin embargo, si no se sigue la
dieta o hay descuidos, el intestino puede volver a dañarse y aumentar el riesgo
de complicaciones, como anemia, osteoporosis o incluso problemas más graves.
Por eso es recomendable visitar constantemente al pediatra y nutriólogo. También
es importante contar con apoyo emocional puede
ser de gran ayuda, ya que algunos
niños pueden sentirse “diferentes” por no poder comer lo mismo que sus amigos,
así que ayudarles a encontrar alternativas ricas
y enseñarles a cuidar su salud es fundamental.
En resumen
La enfermedad celíaca no es el
fin del mundo, solo significa aprender a comer de una forma diferente. Con
información, paciencia y acompañamiento, los niños con esta enfermedad pueden
crecer fuertes, felices y disfrutar de la comida como cualquier otro niño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario